lunes, 27 de enero de 2014

Vuelta al pasado.


-En primer lugar, chicas, quiero que le deis la bienvenida a Brianna Parsons y a Cassandra John. -dijo Goldman el treinta y uno de diciembre, el en último entrenamiento del año, pero no de la temporada. Las chicas, del equipo femenino mayor de Duendes Verdes miraron a las nuevas y les sonrieron.

-Gracias, Goldman. -le dijo Cassandra.

-Como capitana os quiero decir que es un placer teneros de vuelta en mi equipo. -les dijo Lilly. Del otro equipo que lideró Lilly, trece años antes, solo otra jugadora más seguía en Duendes Verdes. Esa jugadora era Margarett Hayman, pívot.

-Bueno, vamos a lo que vamos. -dijo Goldman, interrumpiendo.- Empezamos con un once. -era un juego en el que solo eran necesarios once jugadores, donde jugaban tres contra dos. Brianna y Cassandra, amigas desde los tres años, se miraron, se sonrieron y se pusieron juntas a defender. Lo que no sabían era que habían perdido forma física.


Mamá! Estoy en casa. -gritó entrando en la casa donde había crecido. Nadie contestó e interpretó que estaba sola. Entró en el salón y observó la foto que su madre tenía sobre la chimenea. La foto con sus amigos. Sonrió y pensó que algún día ella tendría una foto de su hijo así.

Subió las escaleras y entró en su habitación. Primero respiró profundamente para absorber la mayor parte de olor de su habitación cuanto pudiera. Después, se adentró y abrió el armario. Buscó entre ropa y recuerdos y entonces encontró justo la caja que encontrar. La sacó con cuidado, la dejó encima de la cama y la abrió.

Allí dentro estaban sus recuerdos del instituto. No solo lo que tenía que ver con el equipo de baloncesto, sino todo lo demás también. Recuerda cuando entró en noveno grado con quince años y todo era nuevo para ella. El instituto era un universo aparte para ella, y con él llegaron los nuevos amigos unidos a los viejos conocidos. Era suplente en el equipo de baloncesto y apenas jugaba, pero allí seguía.

En décimo grado, con dieciséis años. Una edad muy bonita, pero también difícil. Parecía que todos los profesores los odiaban, los estudios se hacían cada vez más largos y los recreos más cortos. Ya no eran los pequeños del instituto. Pensaban que lo sabían todo acerca del instituto, pero en realidad, no tenían ni idea.

El undécimo grado llegó y los diecisiete con sus hormonas alocadas. La habían aceptado en el equipo de baloncesto y jugaba todos los partidos, no de titular, pero jugaba. Había conocido a Brandon y ninguno se anduvo con rodeos ese año. Pocos meses después de conocerse ya se estaban besando en cualquier esquina. Las clases eran más divertidas y estaban descubriendo rincones del instituto que nunca se habían ni imaginado.

El duodécimo grado era el mejor año de todos. Conocían el instituto, a sus profesores y su forma de vida. Con Brandon había explorado las relaciones sexuales y, con Megan, los celos. Era titular de Duendes Verdes. Brianna, Cassandra, Noel, Ryan y Will se habían convertido indispensables en su vida y, sin que ella lo supiera todavía, Eric también. Fue un año muy duro pero lo consiguió, se graduó.

Claramente la canción que define su paso por el instituto es: What doesn't kill you makes you stronger.

No sabía exactamente el porqué estaba haciendo eso. Pero se acababa otro año más y quiso recordar su paso por el instituto.


-¿Mery? -le preguntó Noel, acercándose a la mesa donde su ex-novia estaba sentada. Últimamente pasaba mucho tiempo en Cazadores de Duendes.

-Hola, Noel. -ella se levantó, le sonrió y le dio un beso en la mejilla.

-¿Y tú por aquí? -le preguntó Noel.

-Es que tengo que trabajar y me siento muy tranquila aquí. -explicó Mery.

-¿Te traigo algo? -le preguntó Noel.

-Aquí tiene su café. -intervino Tara con un café en sus manos, entonces se dio cuenta de que su marido era el que estaba con su cliente.- Hola, cariño. -se acercó a él y le dio un beso.

-Tara, ella es Mery.

-¿Mery? ¿Mery Murray? -preguntó ella. Mery asintió.

-La misma. ¿Nos conocemos? -le dijo Mery.

-Bueno, en realidad yo te conozco a ti. Noel, Ryan y Brianna me hablaron mucho de ti. -dijo estrechando la mano con ella.

-Supongo que todo lo que te contaron no es bueno. -dijo Mery, pensando que le habrían contado lo que le había hecho a Brianna.

-Nadie es un ángel. -le contestó Tara. Entonces miró a Noel.- Tus hijas están en la cocina.

-Vale. Bueno, Mery, me voy que tengo vamos a celebrar Noche Vieja en casa de mi padre. -le dijo Noel a su ex-novia. Ésta le sonrió, Noel se fue a buscar a sus hijas y Tara siguió con su trabajo. Tan solo le quedaban unas horas y después cerraría para celebrar el fin del año con la familia de su marido.


Ryan y Mónica estaban ya en casa de Adam, mirando fotos de cuando eran pequeños.

-Mírate en esta foto. -le dijo Mónica, enseñando una foto en que Ryan salía poco favorecido por la cámara.

-Guarda eso, Mo. -le dijo apartando la fotografía.

-¿Y esto? -entonces sacó un álbum de fotos donde en la mayoría de ellas salía Brianna. Heather llegó y miró por encima de las cabezas de Ryan y Mónica, que estaban sentados en el sillón, y sonrió.

-Son las fotos que había en casa de mi hermana. En todas o casi todas está Brianna. Y en muchas de ellas, vosotros también. -le dijo más específicamente a Ryan. Y así era. El timbre sonó y Ryan fue a abrir. Era Will.

-Ryan, hola. -dijo Will sorprendido.

-Will, ¿cómo estás? -le dijo Ryan sonriente.

-Bien. ¿Está Heather?

-Claro. Pasa. -le dijo debido al frío que hacía fue y a que la nieve seguía cayendo. Entonces, Heather llegó con una foto en la que salían Brianna y William en la mano.

Will! Cuanto tiempo, cariño. -ambos se tenían mucho aprecio. Heather le dio un abrazo.

-Venía a desearte un feliz año nuevo. -dijo William.

-Gracias, e igualmente. ¿Dónde vas a cenar? -le preguntó Heather, acariciándole el brazo.

-En casa de mis padres.

-Mándales recuerdos de mi parte. -dijo Heather. Entonces se dio cuenta de que Will estaba mirando la foto que ella tenía en la mano. Heather le dio la foto a William.- Toma, para ti.

-No, Heather. Solo me extrañó que la tuvieras en la mano. -dijo William, queriendo devolverla.

-De verdad, Will, quédatela.

William le volvió a sonreír y otra vez la abrazó.

1 comentario: